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Diabetes mellitus en gatos: desarrollo y prevención de la enfermedad

Diabetes mellitus en gatos
Diabetes mellitus en gatos
sp.depositphotos.com/Askold Romanov

El desarrollo de la diabetes mellitus responde a un complejo mecanismo en el que intervienen factores internos y ambientales. Existen características de la enfermedad que son propias de perros y de gatos. Conocer estas diferencias es el punto de partida hacia un adecuado abordaje clínico. Explicaremos el comportamiento de la diabetes mellitus en gatos, su destreza diagnóstica y la importancia de los cuidados preventivos en esta especie.

Desarrollo de la diabetes mellitus en gatos

La relación entre el hombre y los animales deja hace tiempo huellas evolutivas profundas, que en muchos casos son difíciles de revertir.

El gato es una especie carnívora estricta, cuya principal naturaleza consiste en cazar y defender su territorio. Sin embargo, su alimentación y actividad han sufrido algunos cambios desde que convive con el ser humano. El cambio a una dieta rica en carbohidratos y el sedentarismo al que se expone como animal de compañía, son elementos fundamentales para comprender el desarrollo de la diabetes mellitus en gatos.

A diferencia de lo que ocurre en perros, la denominada “diabetes mellitus tipo II” es la presentación más frecuente en la especie felina. Para comprender un poco más, describiremos las principales categorías de la enfermedad y sus mecanismos asociados.

Categorización de la enfermedad

En el animal no tratado, la progresión de la enfermedad conduce finalmente a una hiperglucemia (aumento de glucosa en sangre) sostenida, pasando de un estadio subclínico a una fase con signología evidente. Este aumento de la glucosa puede responder a una alteración en los niveles y/o funcionalidad de la insulina.

La insulina es secretada por el páncreas minutos después de ingerido el alimento. Todos los tejidos son sensibles a la insulina, pero algunos dependen de esta hormona para incorporar y aprovechar la glucosa que viene de la dieta (músculo esquelético, cardíaco y adipocitos).

En la enfermedad diabética, puede ocurrir una disminución de la secreción de insulina por agresión directa al páncreas o fallar su accionar por “resistencia” de los tejidos periféricos. Esto clasifica a la diabetes mellitus en dos tipos diferentes: diabetes mellitus primaria tipo I y tipo II.

Diabetes mellitus primaria tipo I

Esta presentación es la más habitual en perros, principalmente jóvenes, y su aparición es rara en felinos.

Es similar a la diabetes tipo I en humanos, con un componente genético y factores ambientales desencadenantes tales como virus, tóxicos alimentarios o medicamentosos.

Se produce la destrucción de las células secretoras de insulina (islotes beta) por mecanismo autoinmunitario específico de tejido. La deficiencia hormonal conduce a un marcado descenso de peso.

La progresión de la enfermedad es rápida, llevando en poco tiempo a un estado de insulinodependencia.

Diabetes mellitus primaria tipo II

Como hemos anticipado, esta es la forma de diabetes mellitus más comúnmente encontrada en gatos. Se observa principalmente en machos, con mayor incidencia en castrados.

Esta presentación comienza con una “silenciosa” disminución de la sensibilidad a la insulina en los tejidos. A nivel celular, la grasa dietaria y su acúmulo en músculo esquelético e hígado interfieren en el reconocimiento y el accionar de la hormona.

La falta de respuesta de los tejidos a la acción hormonal (insulinorresistencia), provoca mayor secreción de insulina en forma compensatoria. A medida que la condición avanza, se produce un déficit por agotamiento.

Como consecuencia, se genera una hiperglucemia sostenida que agrava el cuadro por efecto tóxico sobre el páncreas. La enfermedad pasa así a su fase clínica.

Signos clínicos de diabetes mellitus en gatos

Para la interpretación de los signos de la diabetes mellitus en gatos, es importante conocer las dos fases clínicas características.

En el paciente compensado, la glucosa aumentada en sangre comienza a filtrarse por el riñón eliminándose en la orina (glucosuria). De ahí su nombre “mellitus”, por la antigua acepción del ‘sabor dulce de la orina’. Por efecto osmótico de la glucosa, aumenta la emisión de orina (poliuria) con su polidipsia consecuente (sensación de sed aumentada).

Por otro lado, el paciente tiene más apetito (polifagia), porque la glucosa no concreta su señal de saciedad en el hipotálamo.

En esta fase, el animal puede llegar a consulta con o sin pérdida de peso.

La captación de glucosa a nivel celular disminuye progresivamente, y el organismo comienza a utilizar los lípidos como fuente de energía.

Los productos de la digestión grasa se oxidan transformándose en “cuerpos cetónicos”. Estos cuerpos son ácidos y se acumulan superando la capacidad del organismo para metabolizarlos. La condición se llama “cetoacidosis”, y representa una intoxicación endógena que explica en parte los signos característicos de la fase descompensada.

Puede haber anorexia, náuseas, vómitos, diarrea, deshidratación y distención abdominal. A diferencia de lo que ocurre en el perro, el aliento cetónico no es característico en los gatos.

En etapa avanzada, puede haber complicaciones neurológicas, observándose: marcha insegura, ventroflexión cervical (cabeza inclinada hacia el piso) y apoyo en carpo y/o tarsos (postura plantígrada). No suelen desarrollar cataratas como ocurre en perro.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la diabetes mellitus en gatos se basa en los signos típicos y la medición de glucosa en sangre y orina.

Sin embargo, la conducta del gato y las respuestas propias de su organismo, exigen una evaluación criteriosa, desafiando la habilidad diagnóstica del profesional veterinario.

Los gatos con acceso al exterior pueden regresar a su hogar luego de varios días en un estado de delgadez y deshidratación importantes. Esa condición, sumada a la facilidad con la que desarrollan hiperglucemias por estrés, puede confundir y equivocar el abordaje clínico.

Para que un gato manifieste signos persistentes de diabetes, los valores de glucosa en sangre deben encontrarse mucho más elevados que los considerados en perros.

Antes de comenzar con terapia hipoglucemiante, es importante estabilizar y buscar causas, ya que existen otras situaciones que pueden cursar con hiperglucemia. Estas afecciones pueden llevar a una “diabetes transitoria”, y es importante detectarlas a tiempo. Entre ellas, mencionamos: enfermedades crónicas, infecciones del tracto urinario y cavidad bucal, pancreatitis y alteraciones hormonales de otros tipos (cortisol, hormona de crecimiento, progestágenos).

El tratamiento se orienta entonces a la estabilización (de requerirse), corrección de las causas y factores de riesgo, finalmente terapia con hipoglucemiantes y/o análogos de la insulina cuando sea necesario. El seguimiento posterior a través de mediciones en sangre y orina es indispensable para un manejo adecuado de la diabetes mellitus en gatos.

Corolario

Podemos comprender finalmente, que el comportamiento de la diabetes mellitus en gatos responde en muchos casos a causas modificables. Si bien la edad avanzada y la predisposición genética influyen, todo indica que la prevención debe dirigirse hacia factores como la obesidad, el sedentarismo y los aumentos en los niveles de lípidos y azúcares en sangre.

Debemos ofrecer el alimento adecuado según la edad y condición del animal. Las dietas bajas en hidratos y ricas en proteínas son las más utilizadas. La ración siempre debe ajustarse de acuerdo al peso del gato.

Incrementar la actividad del gato doméstico no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Se puede promover el ejercicio colocando el alimento en diferentes sitios de la casa, o desafiando al animal con comederos interactivos.

Es importante recordar que la diabetes mellitus en gatos puede presentarse en forma transitoria o reversible. Esto depende de las causas y el momento de su detección. Controlar los factores de riesgo y un diagnóstico temprano, son fundamentales para evitar que la enfermedad se convierta en una emergencia diabética.