Los rascadores para gatos sin lugar a dudas son accesorios esenciales que no deben faltar en la vivienda o apartamento en el que se aloje el gato. Los gatos de interior, es decir, aquellos en que su acceso al exterior de la vivienda es limitado, precisan de rascadores para que el propietario pueda recrear una conducta similar a la que realizan en estado salvaje.

Cualquier felino en libertad precisa rascar normalmente en troncos de árboles con una doble finalidad: afilado de uñas, logrando que se conserven en perfecto estado y aptas para la caza; y como marcaje territorial, ya que la acción de rascado supone impregnar en el lugar elegido ciertas hormonas que le ayudan a delimitar su territorio frente a intrusos, concretamente otros felinos que tras detectar un área territorial ocupada, se alejarán del lugar para evitar agresiones por competitividad, es lo que los expertos en etología felina denominan lenguaje olfativo.

El mercado, consciente del problema descrito con anterioridad, ha diseñado multitud de rascadores para gatos, que adoptan diversidad de formas, tamaños y colores. El precio de adquisición es muy competitivo y al alcance de cualquier usuario, que mayoritariamente optan por la compra de estos accesorios de fabricación industrial, principalmente por sus buenos acabados, fácil manejo y la buena calidad de los materiales empleados en su fabricación. Sí es cierto que muchas personas optan por confeccionar rascadores para gatos de forma manual, pero es necesario tener buenas dotes para adaptarlos y sobre todo para que el minino pueda encontrarse cómodo con el accesorio, por lo que es más recomendable los rascadores de gatos de fabricación industrial, de fácil adquisición en tiendas especializadas en productos para animales o mascotas.

Tipos de rascadores para gatos

Como manifestamos con anterioridad existen multitud de tipos de rascadores para gatos, una descripción de todos fatigaría al lector, por lo que seguidamente especificamos los que a nuestro juicio son los más relevantes:

Rascador para gatos de pared

Rascador de pared

Rascadores de pared: vienen con un sistema de atornillado que posibilita su acoplamiento en la pared, son planos y de escaso grosor por lo que ocupan poco espacio, además, al estar insertado en la propia pared no son molestos ni corren peligro de caerse.

Rascador para gatos de poste vertical

Rascador poste vertical

Rascadores de poste vertical: son muy demandados, ya que el gato puede afilarse las uñas levantando sus patas delanteras, pueden fabricarse con un simple poste, que a su vez está forrado con la tradicional cuerda de pita; los rascadores de poste vertical más sofisticados incorporan varias columnas, incluso más de un piso, también disponen de refugios para su alojamiento y algunos elementos horizontales que le sirven para deambular con mayor facilidad.

Árbol rascador para gatitos

Árbol rascador

Árbol para gatitos: son también de tipo vertical, destacan algunos de los elementos que incorpora, generalmente son pequeñas bolas colgantes que están sujetas con un pequeño cordón o bien con un sofisticado sistema de muelles, de esa manera se mueven al intentar capturarlas el gatito; sin duda le sirven de distracción y le motiva al juego, un comportamiento que no debe pasar desapercibido pues es positivo para su socialización.

Rascadores para gatos horizontales e inclinados

Rascador de cartón

Rascadores horizontales: son de escasa altura y menos sofisticados, adoptan diferentes formas: tipo ola, tipo alfombra, posición inclinada; incluso existen los fabricados en cartón u otros materiales más blandos, su principal inconveniente es que perduran poco tiempo y será necesario renovarlos más frecuentemente.

Algunos consejos para la adaptación del gato al rascador

El principal problema que supone la no tenencia de un rascador es el hecho de que el gato buscará algún mobiliario de la vivienda para ejecutar la acción de rascado: un sofá, una silla, un mueble…, los desperfectos serán cuantiosos y desde el punto de vista económico supondrán incluso mayor coste la renovación del mobiliario que la propia adquisición de un rascador para gatos.

Por esa razón, tras la adopción del minino, es importante contar con el rascador, para así habituarlo a tan preciado elemento e inhibirlo a que arañe en otros enseres de la vivienda. Acostumbrarlo desde cachorro es tarea fácil, simplemente poner al gatito en contacto con el rascador de forma regular será suficiente para que comience a familiarizarse con el accesorio.

En algunas ocasiones surge el problema de no adaptación al rascador, bien porque de pequeño no se le ha enseñado, o bien por el hecho de que ha adquirido malos hábitos y araña en el mobiliario de la vivienda, si este es el caso, será necesario corregir su comportamiento, para ello se puede acudir a refuerzos positivos o negativos.

El refuerzo positivo consiste en lograr acomodar al minino al rascador, por ejemplo, colocarlo en un área por el cual le guste transitar; impregnar el accesorio con hierba gatera ayudará a que se acerque y explore el rascador hasta conseguir nuestro objetivo. Si el rascador dispone de algún elemento para que pueda recostarse también atraerá su atención y acabará descansando en plácidas siestas, ya que lo considerará como un elemento más de su entorno habitual.

Los refuerzos negativos no son muy aconsejables por los etólogos felinos dado el carácter solitario de los gatos, aunque si no llevan aparejado castigo físico pueden ser, según muchos expertos, de gran ayuda para la inhibición de acciones de mal comportamiento, o aquellas no gratas en el ámbito doméstico, aunque en estado salvaje son consideradas como conductas naturales. Algún ejemplo en el tema que nos ocupa es el hecho de incorporar papel o plástico sonoro en los lugares que no se desea que arañe el gato, el ruido le molestará y desistirá de su acción; un pequeño chorro de agua a presión también contribuye a desistir al felino de arañar en enseres no deseados, es importante efectuarlo en el mismo momento en que realice la acción no deseada, pues se trata que comprenda que en ciertos elementos de la vivienda no puede desarrollar ciertas acciones comportamentales; otras medidas disuasorias pueden ser un chisteo, un “no” salido de tono o incluso disponer de un silbato, ruidos molestos que ahuyentarán al felino a arañar en lugares no deseados y acabará habituándose al rascador para gatos.